Los que hablan poco

Una de las cosas de las que más me avergüenzo es lo mucho que me cuesta guardar ciertos secretos. Quizás es porque desde pequeño he tenido la necesidad de impresionar a los demás. Supongo que por eso dicen que si quieres que todo el mundo se entere de algo, tienes que asegurarte de decir que no se puede contar.


Aparte de alguna que otra chica, hay pocas cosas en mi vida adulta que me hayan hecho llorar. Una de esas pocas cosas es la historia de Sir Nicholas Winton. Me emociono cada vez que veo el video. Se trata de un hombre que salvó la vida a seiscientos sesenta y nueve niños durante el holocausto. Su gran hazaña permaneció en secreto durante cincuenta años. Es decir, durante medio siglo se iba a la cama sin necesidad de que nadie le aplaudiera, lo reconociera o incluso le agradeciese por una de las labores más heroicas de la historia de la humanidad.

Pero como la mayoría de secretos, este también sale al descubierto. Por cuestiones del azar, un día su mujer, Greta, encuentra un maletín escondido en casa y se pone a cotillear los papeles que hay dentro. Ahí es donde da con una lista de seiscientos sesenta y nueve niños con sus nombres y apellidos y sus respectivas fotos. Sir Nicholas Winton no tiene más remedio que explicarle a su mujer la gran hazaña que decidió esconder al mundo durante tanto tiempo.

Vivió ciento seis años. Quizás su buena salud se debió a su gran corazón. Siempre he pensado que existe una paz interior fruto de haber obrado bien sin tener la necesidad de decírselo a nadie al día siguiente. Al fin de cuentas, supongo que al único que le debes explicaciones es a ti mismo. Pero todos sabemos que estos secretos donde uno sale bien parado son los más difíciles de guardar, y más cuando la persona a cargo del secreto es tan vanidosa como yo.


Cada vez me fijo más en los hábitos. Quizás nuestra seña de identidad no es ni de dónde venimos, ni a lo que nos dedicamos, ni nuestro número de followers, sino lo que hacemos cada día sin decírselo a nadie. Yo no admiro a una persona por algo que haya hecho en un momento concreto, por muy heroica que haya sido la gesta. Lo que de verdad hace que te obsesiones por una persona es por su constancia, porque te ha demostrado que, cuando llegue la batalla y no haya vuelta atrás, estará a tu lado luchando con una sonrisa. Puedes engañar a la gente un día, incluso dos, pero no la puedes engañar toda la vida.

Somos organismos en constante evolución. Es decir, que si no te mueves, no es que te quedes quieto, sino que vas para atrás. Es por eso que para mi el rico no es el que tiene mucho dinero, sino el que tiene el hábito de gastar menos de lo que gana. El listo no es el que sabe mucho sino el que tiene el hábito de predicar menos de lo que aprende. Y quizás una persona integra se pueda definir como la que, si sus amigos la conociesen mejor, la querrían aún más.

Así que escúchame bien, amigo. En la vida, no eres lo que enseñas, sino lo que ocultas. Por eso tienes que tener especial cuidado con los que hablan poco. Porque mientras tú hablas, ellos te analizan, y cuando ya has mostrado todas tus cartas, ellos ya te han ganado la partida.

Autor: Fede Buldin

Sin profundidad y sin temática, pero con mucho estilo.

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